Sábado, 3 de septiembre de 2022. Hemos dedicado la mañana a trabajar y después de comer hemos salido hacia el área de autocaravanas de Hamelín.
Hemos llegado a Hamelín un poco más tarde de lo previsto porque hemos pillado varios atascos. Sí, las autopistas y autovías de Alemania tienen bastante tráfico, por lo menos en esta época, numerosos tramos con obras y sus consiguientes retenciones.
Pero hemos podido ir a comprar a un Lidl cercano (precios muy parecidos a España) y hemos aprovechado para descansar un rato y llamar a la familia. Mañana queremos dedicar el día a visitar la ciudad, y por la tarde seguir avanzando en nuestra ruta hacia Nordkapp.
Con Hamelín nos ha pasado como con Arreau en Francia, ¡nos ha enamorado!
Te contamos sobre Hamelín
Como hemos dicho antes, Hamelín (Hameln, en alemás) nos ha encantado. Situada en la Baja Sajonia, a orillas del río Weser, y puerta de entrada a las montañas de Weserbergland, es una auténtica ciudad de cuento. Con razón sirvió de inspiración a la leyenda del Flautista, de los hermanos Jakob y Wilhelm Gimm, leyenda que ha catapultado a la fama a Hamelín en todo el mundo.
Cuenta la leyenda que en 1294 un cazador de ratas que había sido engañado con su salario hizo desaparecer a todos los niños de Hamelín con la melodía de su flauta, y nadie los volvió a ver nunca.
Casas de madera y piedra arenisca (muchas de ellas del Renacimiento), esculturas, ratoncillos en la acera que te van guiando por los lugares más emblemáticos de la ciudad, tiendas, bares, restaurantes,… todo hace, de alguna manera, referencia al cuento.
Además, cada domingo, los habitantes de Hamelín, de todas las edades, hacen una representación del cuento del Flautista de Hamelín. Representación que hemos tenido la fortuna de ver. En perfecto alemán, eso sí.
Existe una calle, Bungelosenstrasse, por la que, según cuenta la leyenda, desaparecieron los niños, y que, aún a día de hoy, tiene prohibida la música. ¿Curioso, verdad?
Pasear por las calles de Hamelín ha sido un placer, y como nos queda poco de estar por estas tierras, hemos querido despedirnos de Alemania como toca: con una buena cerveza y una salchicha del lugar. Se nos queda pendiente el famoso Apfelstrudel o strudel de manzana.


Jejeje
Impresionante
A NAcho le estoy diciendo que te mire todos los días en su hora del café!!!!
Embriaga leeros y veros
¡Muchas gracias, cuñada!
Nos alegra que te guste, y esperamos que nos sigas leyendo.
Lo de que lo lea Nacho… es una batalla perdida, nos tememos. 😉
Un abrazo.